My memories of the 2019 Global Baptist Peace Conference • Mis recuerdos de la Conferencia Bautista Global por la Paz 2019

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by Hortensia Picos Lee

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de Hortensia Picos Lee

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My attendance at the Global Baptist Peace Conference in Cali was prepared with enthusiasm. The last year I wanted to go to the Summer Conference in Keuka Park but wasn't able to do so. This year would be different. My son and I could go to Colombia this year, and that gave me the confidence to plan the trip. My 16-year-old son, Carlos David, whom I had promised to take with me, was very excited. How could he not be?! For him it would be his first plane trip and the first time he would leave Mexico. I knew that it would be a tiring journey. We would make a long stopover in Mexico City and spend a full night at the El Dorado airport in Bogotá. It was almost 36 hours to get from our home in Ciudad Madero to Cali, but that wouldn't matter, of course! We could deal with that and more. During the flight my son was continuously tracking our path through each Central American countries on the small screen in front of his seat. He would occasionally direct his gaze toward the window in case there was a possibility of a glimpse of a little bit of land. After all, glimpsing Central and South American was for him a view of a new world, and arriving to Bogotá the beginning of new and exciting experiences. I understood his curiosity. The night in El Dorado Airport in Bogotá was long and cold, contrasting its 11 degrees Celsius with the tropical heat of almost 40 degrees of our home town. I saw many people lying on seats or on the ground, trying to sleep. I wished intensely to do the same but I discarded the idea; I had to take care of my son and our belongings. I took advantage of this situation to cross the airport for a glimpse of the big and bustling city of Bogotá, which showed highly active at dawn. The trip from Bogotá to Palmira was short and in broad daylight, which allowed us to see the beauty and splendor of the Cauca Valley from the sky. Green and leafy valleys surrounded by mountains, as they are described superbly by Grupo Niche in their song Mi Valle del Cauca (My Cauca Valley):

“…This is my beautiful land
garden that sprouted from nature
laughing between two mountain ranges
That jealous protect my precious land
And it was left smelled like coffee..."

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Mi asistencia a la Conferencia Global de la Paz Bautista en Cali fue preparada con entusiasmo. El año pasado quise ir a la Conferencia de Verano en Keuka Park, pero finalmente terminé decepcionada porque no pude hacerlo. Pero este año sería diferente; mi hijo y yo sí podríamos ir a Colombia este año y eso me dio la confianza para planificar el viaje. Mi hijo de 16 años, Carlos David, a quien había prometido llevar conmigo, estaba muy entusiasmado. ¡Cómo no podría ser! Para él sería su primer viaje en avión y la primera vez que abandonaría territorio mexicano. Sabía que sería un viaje agotador, haríamos una larga escala en la Ciudad de México y pasaríamos una noche completa en el aeropuerto de El Dorado en Bogotá. Casi 36 horas para llegar desde nuestra casa en Ciudad Madero a Cali, ¡pero eso no importaría, por supuesto! Podríamos lidiar con eso y más. Durante el vuelo, mi hijo seguía continuamente en la pequeña pantalla frente a su asiento nuestro camino a través de cada país centroamericano, mientras dirigía su mirada repetidamente hacia la ventana en caso de que hubiera una pequeña posibilidad de contemplar un poco de tierra. Después de todo, vislumbrar tierras de América Central y del Sur era para él una visión de un mundo nuevo, y llegar a Bogotá era el comienzo de nuevas y emocionantes experiencias. Comprendí su curiosidad. La noche en el aeropuerto El Dorado en Bogotá fue larga y fría, contrastando sus 11 grados centígrados con el calor tropical de casi 40 grados de nuestra ciudad de origen. Vi a muchas personas en diferentes lugares del aeropuerto tumbadas en los asientos o en el suelo, tratando de dormir. Deseé intensamente hacer lo mismo pero descarté la idea; tenía que cuidar de mi hijo y de nuestras pertenencias. Aproveché esta situación para cruzar el aeropuerto de punta a punta y para echar un vistazo a la gran y bulliciosa ciudad de Bogotá, que se mostraba muy activa al amanecer. El viaje de Bogotá a Palmira fue corto, a plena luz del día, lo que nos permitió ver desde el cielo la belleza y el esplendor del valle del Cauca. Valles verdes y frondosos rodeados de montañas, como los describe magníficamente el grupo Nicho en su canción Mi Valle del Cauca:

“…Esta es mi tierra bonita
jardín que brotó de la naturaleza
riendo entre dos cordilleras
que celosas protegen mi tierra preciosa
Y quedó oliendo a café…”

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An air view of The Cauca Valley, near Palmira. •  Vista aérea del Valle del Cauca, cerca de Palmira.

An air view of The Cauca Valley, near Palmira. • Vista aérea del Valle del Cauca, cerca de Palmira.

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It is said that Latin Americans in general are warm and expressive, cheerful and supportive. Colombian people certainly affirm that statement! Throughout our stay in Colombia, we received kindness from everyone who crossed our path. In the Palmira airport we were picked up by Néstor Venegas, a member of the Conference staff, who diligently took us to Unibautista and after to our hotel. Monday night we attended the opening worship, and later we took the chance to recover from the long journey.

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Se dice que los latinoamericanos en general son cálidos y expresivos, alegres y solidarios. ¡La gente de Colombia me hizo comprobar la certeza de esa afirmación! Si bien es cierto que me asaltó un ligero nerviosismo cuando tuvimos que pasar por controles de migración y seguridad, finalmente no pasó nada malo y, desde ese momento hasta el último de nuestra estadía en Colombia, recibimos la amabilidad de quienes se cruzaron en nuestro camino. En el aeropuerto de Palmira fuimos recogidos por Néstor Venegas, miembro del personal de la Conferencia, quien nos llevó diligentemente a Unibautista y luego a nuestro hotel. El lunes por la noche asistimos al culto de apertura, y luego aprovechamos para recuperarnos del largo viaje.

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On Tuesday morning I was touched by the story of Fabiola Perdomo. While thanks to the media I already knew something about the long and tough fight between the FARC and the Colombian government, living in Mexico made me unaware about of the cruel and painful situation that Fabiola had experienced. That day I learned that she became a symbol of the victims who have manifested themselves capable of forgiving the FARC. Yes, the same FARC who murdered her husband. The same FARC that left their daughter without a father. Through her pain, God gave her strength to forgive. She left behind the resentment that slowly stifles God's dreams, hope and purpose in the lives of people. Resentment that keeps people living in the past while unable to live in the present or hope for the future.

Fabiola Perdomo and Senator Victoria Sandino, a former member of the FARC, taught us the value of reconciliation. Reconciliation that restores and reconstructs broken relationships, which has the power to transform a past divided by hate and resentment into a present and a future with common hopes and shared spaces for building peace.

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El martes por la mañana me conmovió la historia de Fabiola Perdomo. Si bien gracias a los medios de comunicación ya sabía algo sobre la larga y dura lucha entre las FARC y el gobierno colombiano, vivir en México me hizo ignorar la cruel y dolorosa situación que Fabiola había experimentado. Ese día supe que ella se había convertido en un símbolo de las víctimas que se habían manifestado capaces de perdonar a las FARC. Sí, las mismas FARC que asesinaron a su esposo. Las mismas FARC que dejaron a su hija sin padre. Ella sintió un profundo dolor pero Dios le dio fuerzas para perdonar. Ella dejó atrás el resentimiento que sofoca lentamente los sueños, la esperanza y el propósito de Dios en la vida de las personas. El resentimiento que las ata al pasado mientras hace infeliz su presente y futuro.

Fabiola Perdomo y la senadora Victoria Sandino, ex miembro de las FARC, nos enseñaron el valor de la reconciliación. Reconciliación que restaura y reconstruye relaciones rotas, que tiene el poder de transformar un pasado dividido por el odio y el resentimiento en un presente y un futuro con esperanzas comunes y espacios compartidos para construir la paz.

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On Tuesday afternoon I participated in a group dynamic in which we shared thoughts about peace, and we painted the flags of our home countries on small stones. I truly wished to do a better job, but any way the Mexican flag is painted it always looks beautiful!

But these small stones would not be simple decorative objects. Inside them each one of us enclosed a little of our homelands and much love.

And then the peace tree was planted. Planted by several people, all very different from each other, of different ages, countries and ethnic groups. People who represented all of us who were there, sowing the peace that -- like a plant -- needs land, sun and water to grow, mature and bear fruit. A beautiful symbolic act that had as a perfect frame this simple and charming song:

May this church be a tree
at the bottom of your house,
Let there be celebration and joy
and prayer under its branches.
With deep roots
and arms to the sky,
May this church be fruitful
bearing fruits of comfort.

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El martes por la tarde participé en una dinámica de grupo en la que compartimos pensamientos sobre la paz y pintamos las banderas de nuestros países de origen en pequeñas piedras. Realmente deseaba hacer un mejor trabajo, pero de cualquier forma en que se pinte la bandera mexicana ¡siempre se ve hermosa!

Pero estas pequeñas piedras no serían simples objetos decorativos. Dentro de ellas, cada uno de nosotros encapsuló un poco de su propia patria y mucho de su amor por ella.

Y luego se sembró el árbol de la paz. Una planta plantada por varias personas, todas muy diferentes entre sí, de diferentes edades, países y grupos étnicos. Gente que representaba a todas y a todos los que estábamos allí, sembrando la paz que, como una planta, necesita tierra, sol y agua para crecer, madurar y dar fruto. Un hermoso acto simbólico que tuvo como marco perfecto esta canción sencilla y encantadora:

Que esta iglesia sea un árbol
en el fondo de tu casa,
que haya fiesta y alegría
y oración bajo sus ramas.
Con raíces bien profundas
y sus brazos hacia el cielo,
que esta iglesia sea fecunda
dando frutos de consuelo.

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Peace is cultivated just like the garden plant. When we build peace from our context, we can say that we fertilize the land for cultivating a new order of things, where peace and well-being are fruits of justice. But cultivating peace requires hard work and patience because it is not possible for the garden to keep producing fruit unless the wounds are healed and humiliations, grievances, injustices are left behind. But we have faith in God and are willing to work. Planting the peace tree was the beginning of a shared commitment that will grow just as the tree will grow.

On Wednesday morning I heard the stories of Henna B. Caipang and Laura Chanchien Parajón, who, in the Philippines and Nicaragua respectively, have helped with love and diligence to improve the situation of many people who have suffered the consequences of natural disasters, as well as those whose poverty and helplessness makes them especially vulnerable and in need.

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Porque la paz se cultiva igual que la planta del huerto. Cuando construimos la paz desde nuestro contexto, podemos decir que fertilizamos la tierra para cultivar un nuevo orden de las cosas, donde la paz y el bienestar son fruto de la justicia. Pero cultivar la paz requiere un trabajo duro, como lo hace el agricultor cuando rasca la tierra para introducir la semilla en ella, y mucha paciencia, porque si no es posible que los frutos del jardín emerjan de un día para otro, menos podemos esperar que de las heridas de la noche a la mañana se restauren y se dejen atrás las humillaciones, los agravios y las injusticias. Pero tenemos fe en Dios y estamos dispuestos a trabajar, y plantar el árbol de la paz fue el comienzo de un trabajo que veremos crecer de la misma manera que veremos crecer ese árbol.

El miércoles por la mañana escuché las historias de Henna B. Caipang y Laura Chanchien Parajón, quienes, en Filipinas y Nicaragua respectivamente, han ayudado con amor y diligencia a mejorar la situación de muchas personas que han sufrido las consecuencias de desastres naturales, así como la de aquellas cuya pobreza e impotencia las hace especialmente vulnerables y necesitadas.

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That same morning I participated in the Workshop "The radicality of love" led by Lizette Tapia. A refreshing and different version of a story told in the Old Testament, the story of the young servant girl of Naaman, (name unknown). In her condition as a slave, she raised her voice with dignity on behalf of those who, like her, had been taken away from their home and their freedom. She offered a healing alternative to the man who had enslaved her. The oppressed, the needy, the vulnerable raise their voices in different ways, let's listen to them.

By the afternoon my personal interest in visual arts motivated me to enroll in the workshop "Photography and Peacebuilding", led by Susi Franco. Susi talked about her experience as a photographer and communicator, and how she used the tool “Fotovoz” (Photovoice) for telling the story of how ex-combatant women of the FARC integrated into civilian life. She explained that Photovoice is an ally in peacebuilding, because people in the midst of conflict or poverty can tell their own stories through photographs, images that tell about their daily existence and backgrounds. In this way they engage in a journey of self-discovery that ultimately makes their thoughts, feelings and needs visible through images. All this information becomes available for faithful reflection on who these people are and what they want the world to know about them. This awareness of their own reality can be a starting point to stimulate a social transformation focused on peace.

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Esa misma mañana participé en el Taller "La radicalidad del amor" dirigido por Lizette Tapia. Una visión refrescante y diferente de una historia contada en el Antiguo Testamento, la historia de la joven sirvienta de Naamán, cuyo nombre desconocemos. Una joven que, en su condición de esclava, alzó la voz con dignidad en nombre de quienes, como ella, habían sido arrancados de su hogar y de su libertad. Ella ofreció una alternativa de curación al hombre que la había esclavizado, y no sabemos, lo más probable es que fuera así, si Naamán después de ser sanado solo se regocijó en su propia curación y la joven esclava se volvió invisible para él nuevamente. Los oprimidos, los necesitados, los vulnerables alzan sus voces de diferentes maneras, escuchémoslos.

Por la tarde, mi interés personal en las artes visuales me motivó a inscribirme en el taller "Fotografía y consolidación de la paz", dirigido por Susi Franco. Susi nos profundizó en su experiencia como fotógrafa y comunicóloga, y cómo utilizó la herramienta “Fotovoz” (Photovoice) para contar la historia de cómo las excombatientes de las FARC se integraron en la vida civil. Explicó que Fotovoz es un aliado en la construcción de la paz, porque gracias a él las personas en medio del conflicto o la pobreza pueden contar sus propias historias a través de fotografías tomadas por ellas mismas, imágenes que cuentan sobre su existencia cotidiana y sus antecedentes de vida. De esta manera, se embarcan en un viaje de autodescubrimiento que finalmente hace que sus pensamientos, sentimientos y necesidades sean visibles a través de las imágenes. Toda esta información se estructura para reflejar fielmente quiénes son estas personas y qué quieren que el mundo sepa sobre ellas, para que esta revelación de su propia realidad sea el punto de partida para estimular una transformación social centrada en la paz.

El jueves por la mañana me impresionó la historia de Manal El Tayar, una mujer libanesa que, a pesar de su juventud, tiene una amplísima formación y experiencia en la construcción de la paz. La historia que contó sobre la madre libanesa que vivió los horrores de la guerra y cuyo hijo fue brutalmente asesinado por los sirios me rompió el corazón. La valiente y arriesgada lucha de Manal para lograr la reconciliación entre pueblos separados por el odio en el Medio Oriente es realmente inspiradora, y sin duda ha logrado algo que parecía imposible: que las personas que por razones históricas, étnicas y religiosas se odian inevitablemente puedan encontrarse y dialogar en paz.

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On Thursday morning, I was impressed by the story of Manal El Tayar, a Lebanese woman who, despite her young age, has a very extensive training and experience in peacebuilding. The story she told about the Lebanese mother who lived the horrors of war and whose son was brutally murdered by the Syrians broke my heart. Manal's brave and risky struggle to achieve reconciliation between peoples separated by hatred in the Middle East is really inspiring, and without a doubt she has achieved something that seemed impossible: that people who for historical, ethnic and religious reasons hate each other inevitably can meet and dialogue peacefully.

On Thursday night I discovered some of the richness of Colombian folklore. It was a "Colombian night" full of color, dance and songs that transported me through the vast and exuberant geography of Colombia. That invited me to delight in the culture of that beautiful country. My son immensely enjoyed dancing to Colombian folk songs, and although I don't have dancing skills, I tried to learn a few steps in the enjoyment of the moment.  

On Friday morning Francesca Nuzzolese, Lizette Tapía and Javier Ulloa, from Italy, Phillipines and Mexico, told us their stories. Three people deeply involved in different ministries, who come from different countries and from very different environments, but who are united by their interest in transforming people and communities through peace and justice.

Later I participated in the Workshop "I am not racist, but we are", led by Douglas Avilesbernal. I was interested in this workshop because, in the context of the complex relationship between Mexico and the United States of America and its clash of cultures and socio-economic realities, expressions of xenophobia and racism are becoming increasingly brutal. The recent massacre of migrants in El Paso, Texas is a clear example of this. And in Mexico we express racism towards the people of Central America, it's a common evil. Douglas told us about how racism is a method of oppression embedded in power structures, and that fighting it with a supremacist approach ("I am a better person than you, because I am not racist!") does not work. It just divides and leads to confrontation. To eliminate racism, a change that begins in individuals is needed in order to gradually transform into a movement that revolutionizes the conscience of an entire country, and Douglas gave us a practical example of how this kind of approach led to much change in his church.

That same afternoon I attended the workshop "the church as an agent of reconciliation in the face of current challenges", led by Luz Cortés and Juan David Morales, from the Foundation of Education for Peace and Conflict Resolution. They explained to us in depth how they developed their project to generate a healing process for communities affected by the guerrillas in Colombia. This process is intended for churches to be agents that build spaces for forgiveness and reconciliation, turning support for peacebuilding into concrete actions of community service.

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El jueves por la noche descubrí algo de la riqueza del folklore colombiano. Fue una "noche colombiana" llena de color, baile y canciones que me transportaron a través de la vasta y exuberante geografía de Colombia, y que me invitó a deleitarme con la cultura de ese hermoso país. Mi hijo disfrutó muchísimo bailando canciones populares colombianas, y aunque no tengo habilidades para bailar, traté de dar unos pasos de baile para disfrutar el momento.

El viernes por la mañana, Francesca Nuzzolese, Lizette Tapía y Javier Ulloa, de Italia, Filipinas y México, nos contaron sus historias. Tres personas profundamente involucradas en diferentes ministerios, que provienen de diferentes países y de entornos muy diferentes, pero que están unidas por el interés en la transformación de las personas y las comunidades a través de la paz y la justicia.

Después participé en el Taller "Yo no soy racista, pero nosotros sí", dirigido por Douglas Avilesbernal. Me interesé por ese taller porque, en el contexto de la compleja relación entre México y los Estados Unidos de América y su choque de culturas y realidades socioeconómicas, las expresiones de xenofobia y racismo están aumentando en brutalidad, la reciente masacre de Los migrantes en El Paso, Texas, son un claro ejemplo de esto. Y en México no nos libramos de expresar el racismo hacia la gente de Centroamérica, es un mal común. Douglas nos contó que el racismo es un método de opresión incrustado en las estructuras de poder, y que combatirlo con un enfoque supremacista ("¡Soy una mejor persona que tú, porque no soy racista!") no funciona. Simplemente divide y confronta. Para eliminar el racismo, se necesita un cambio que comience en los individuos para transformarlo gradualmente en un movimiento que revolucione la conciencia de todo un país, y Douglas nos dio un ejemplo práctico de cómo este tipo de enfoque logró un gran cambio en su iglesia.

Esa misma tarde asistí al taller "La iglesia como agente de reconciliación ante los desafíos actuales", dirigida por Luz Cortés y Juan David Morales, de la Fundación de Educación para la Paz y la Resolución de Conflictos. Nos explicaron en profundidad cómo desarrollaron su proyecto para generar un proceso de curación en comunidades afectadas por la guerrilla en Colombia, un proceso destinado a incluir a las iglesias como agentes que construyan espacios para el perdón y la reconciliación, que traduzcan su apoyo a la consolidación de la paz en acciones concretas de servicio comunitario.

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Friday night was special. A multicultural night, full of joy and musical expressions that showed some of the folklore of the countries that were represented at the Conference. Zimbabwe, Lebanon, Cuba and Venezuela among others, and of course Mexico. All the performances were amazing, but none like the the one of the Mexican group! We sang the Mexican folk song "cielito lindo" with an enthusiasm that spread to the audience, while we proudly waved our three-color flag.

And Saturday came, the day the Conference ended, the day of our farewell. The conference concluded with a worship in which the reverend Aundreia Alexander preached to us about how blessed the peacemakers are, which spoke to the hearts of all people present. I think that more than one of us asked ourselves if we would meet again with the new friends we had the opportunity to make in those days. At that time we didn't have the answer and we still don't, but what we do know is that a friendship deepens the shared experiences, stories of incalculable value that each one keeps as a treasure. That leads us to want to keep that bond of friendship. “but there is a friend who sticks closer than a brother” (Proverbs 18:24.) May God allow us to see each other again!

There is a chapter in these memories that I cannot stop telling. A chapter that touches my heart to the deepest. A chapter that refers to my son. I felt moved by the song the youth sang in the Saturday worship, and thanks to the work World Vision does with children and youth, my son learned a lot about peace. I am also sure that the seed that the teachers Olga, Claudia, Michelle, Melissa and Ditmara planted fell in good soil, and it's my turn now to take care of that seed so that it grows and becomes a leafy and fruitful peace tree. I was also moved almost to tears that my son could make new friends, that he could immensely enjoy the entire week, and that he could take small objects back to Mexico that will allow him recall his experience in Colombia.

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El viernes por la noche fue especial. Una noche multicultural, llena de alegría y expresiones musicales que mostraron parte del folklore de los países que estuvieron representados en la Conferencia. Zimbabue, Líbano, Cuba y Venezuela, entre otros, y por supuesto, México. Todas las actuaciones fueron increíbles, ¡pero ninguna como la del grupo mexicano! Cantamos la canción popular mexicana "cielito lindo" con un entusiasmo que contagió a la audiencia, mientras que ondeábamos con orgullo nuestra bandera tricolor.

Y llegó el sábado, el día que terminaba la Conferencia, el día de nuestra despedida. La conferencia concluyó con un culto en el que la reverenda Aundreia Alexander nos predicó sobre lo bendecidos que son los pacificadores, y al final la emoción y la nostalgia invadieron los corazones de todas las personas presentes. Creo que más de uno de nosotros nos preguntamos si nos volveríamos a encontrar con los nuevos amigos que tuvimos la oportunidad de hacer en esos días. En ese momento no teníamos la respuesta y todavía no la tenemos, pero lo que sí sabemos es que una amistad se profundiza gracias a las experiencias compartidas, historias de valor incalculable que cada uno guarda como un tesoro. Eso nos lleva a desear conservar ese vínculo de amistad. “Y amigo hay más unido que un hermano” (Proverbios 18:24.) ¡Oué Dios nos permita volver a vernos!

Hay un capítulo en estos recuerdos que no puedo dejar de contar. Un capítulo que toca mi corazón hasta lo más profundo. Un capítulo que se refiere a mi hijo. Me conmovió la canción que cantaron las y los jóvenes en la adoración del sábado, y estoy segura de que, durante toda la semana, gracias al trabajo que World Vision hace con niños y jóvenes, mi hijo aprendió mucho sobre la paz. Estoy segura también de que la semilla que plantaron las maestras Olga, Claudia, Michelle, Melissa y Ditmara cayó en un buena tierra, y ahora es mi turno de cuidar esa semilla para que crezca y se convierta en un árbol de paz frondoso y fructífero. También me conmovió casi hasta las lágrimas que mi hijo pudiera hacer nuevos amigos, que pudiera disfrutar intensamente de todo lo que vivió esa semana, que pudiera traer a México pequeños objetos que le permitirán recordar su experiencia en Colombia.

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There are few things I will remember with more yearning and happiness than this Summer Conference in Cali. Everyone in attendance joined together as a great family in Christ and discovered how wonderful and enriching it is to be peacemakers. There is no doubt that we return to Mexico with more things than we took to Colombia, not just in terms of souvenirs, but in what we learned and experienced and for the friendships we made throughout the week.

There were many others not mentioned here who participated actively during the Conference, and I apologize for ending my story without mentioning them as well as other important events that happened. But each of us keeps our memories inside of us as treasures to be recalled throughout our lives. I hope with all my heart that God will allow me to be at the next 2020 Summer Conference in San Diego, and to meet up with old friends and share new stories. For now I hope to practice what I learned for becoming a peacemaker, to the glory of God!

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Pocas cosas recordaré con más añoranza y felicidad que esta Conferencia de Verano en Cali. Todas y todos los que asistimos y nos unimos como una gran familia en Cristo descubrimos juntos esa semana lo maravilloso y enriquecedor que es aprender a ser pacificadores y pacificadoras. No hay duda de que volvimos a México con más cosas que las que llevamos a Colombia, y no lo digo solo por los recuerdos que pude comprar, algunos de ellos hermosas piezas artesanales creadas por manos mágicas, sino por lo que aprendimos y experimentamos, y por las amistades que hicimos durante la semana.

Me disculpo por terminar este relato sin mencionar a más personas que participaron activamente en la Conferencia y sin informar sobre otros eventos importantes que se llevaron a cabo, pero mi memoria y el espacio que puede tener este escrito no serían suficientes para contarlo todo. Pero cada uno de nosotros retendrá dentro de sí sus propios recuerdos, que serán atesorados y rememorados durante toda la vida. Deseo con todo mi corazón que Dios me permita estar en la próxima Conferencia de Verano 2020 en San Diego, y reunirme con viejos amigos para compartir nuevas historias. ¡Por ahora espero practicar lo que aprendí para convertirme en pacificadora, para la gloria de Dios!

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Hortensia Azucena Picos Lee is the Spanish Resource Manager for BPFNA-Bautistas por la Paz.

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Hortensia Azucena Picos Lee es la Administradora de Recursos en Español de BPFNA-Bautistas por la Paz.

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Allison Paksoy